Los obeliscos, rayos de sol en piedra

¿Qué es un obelisco?
La palabra obelisco con que conocemos estos monumentos del antiguo Egipto es de origen griego (ὀβελίσκοςobeliskos) y quiere decir “asta o columna apuntada”, mientras que su nombre egipcio era tejen, es decir, “rayo de sol”. Como veremos, estos colosos de piedra están relacionados con el culto solar.
Los obeliscos eran construídos en un solo bloque de piedra (monolíto), de cuatro caras, que se va estrechando ligeramente desde la base hasta la cúspide.
Podemos decir que se componen de dos partes:
  • El cuerpo, que estaba cubierto en sus cuatro lados de inscripciones en escritura jeroglífica con dedicatorias a los dioses, y los títulos del faraón responsable de su construcción.
  •  El piramidión, que como su nombre indica es una pequeña pirámide, el cual originalmente estaba recubierto de una capa de oro o electrón (aleación de oro y plata), metales asociados a los dioses y, especialmente, al sol. En este piramidión se inscribían símbolos solares y figuras del rey protegido por los dioses Ra o Amón-Ra.
Amón-Ra coronando a Hatshepsut
El obelisco se asentaba sobre un basamento con un friso de babuinos. El motivo para escoger este animal y no otro nos lo explica Elisa Castel:
Su conexión (de los babuinos) con el Sol nació desde el momento en que los egipcios entendieron que los gritos que profieren estos animales al amanecer estaban relacionados con los saludos que dedicaban al astro. El babuino era precisamente uno de los pasajeros de la barca de Ra en la noche y estaba encargado de rechazar las fuerzas del caos que luchaban por aniquilar al Sol. Por todas estas razones aparecen en las bases de los obeliscos, en los relieves y en los papiros, con los brazos levantados en actitud de respeto, adoración y saludo. Sin embargo, estas características también fueron asociadas a aspectos lunares.

Elisa Castel,  Egipto, signos y símbolos de lo sagrado.

Obeliscos de Tutmosis I y Hatshepsut en Karnak
Como ya dije, los obeliscos (y las pirámides) tienen su origen en el culto solar de Heliópolis, la Iunu de los egipcios. Fue en esta ciudad del Bajo Egipto donde, según el mito de la creación heliopolitano, surgió de las aguas del caos la colina primigenia. En este montículo de tierra, que era llamado benben por los egipcios, salió el sol por primera vez, iniciándose posteriormente toda la creación.
Las pirámides y el piramidión que remataba los obeliscos son, pues, representaciones del benben o colina primigenia de la que surgió la vida.
En el templo de Ra en Heliópolis se rindió culto a la piedrabenben desde el período tinita (3065-2686 a.C.), puesto que al ser el lugar donde había surgido el sol por primera vez, simbolizaba también la fertilización de la tierra por medio de los rayos solares, que dan la vida.
Reconstrucción del templo de Ra en Heliópolis. Podemos ver el benben de piedra
Los obeliscos estuvieron presentes a lo largo de toda la historia egipcia, desde el Reino Antiguo (el más antiguo data del reinado del rey Teti en la Dinastía VI, que estuvo situado en Heliópolis y tenía una altura aproximada de tres metros), hasta la época ptolemaica.
Durante el Reino Antiguo y Medio, Heliópolis fue el principal centro de culto al dios solar, lo que explica que fuera allí donde se construyeron la mayor parte de estos monumentos monolíticos en dicha época. Pero con el ascenso de Amón durante el Reino Nuevo y su asimilación con Ra (Amón-Ra) pasó a ser Tebas la ciudad donde se erigieron los obeliscos más altos, en los templos de Karnak y Luxor.
Obelisco de Sesostris I en Heliópolis, el más antiguo en pie
Considerados rayos solares petrificados, los obeliscos eran sagrados en sí mismos. Durante el Reino Nuevo se colocaron en pareja (simbolizando tanto al sol, como a la luna) ante los pilonos de entrada de los templos para marcar estos como lugares santos, las moradas de los dioses.
Obelisco de Ramsés II en Luxor. Su pareja fue llevado a París
Sin embargo, no solo los faraones construyeron obeliscos. Algunos personajes privados también los erigieron en sus tumbas, aunque eran de menor tamaño (hasta de 80 cm) y peor calidad que los construídos por los monarcas.
Su construcción y traslado
Los obeliscos procedían de las canteras de granito de Asuán, al sur de Egipto. El color rojo y rosado de esta piedra era asociado con el sol, lo que la hacía idónea para la fabricación de estos monolitos.
Aquí precisamente se conserva aún un obelisco inacabado, unido todavía al lecho rocoso por uno de sus lados; el que hubiera sido el obelisco más alto de todos (casi 43 m) tuvo que ser finalmente abandonado debido a la aparición de unas fisuras. Afortunadamente para nosotros, este obelisco inacabado nos da algunas pistas de cómo se construían.

Obelisco inacabado de Asuán

En la época de esplendor de estas agujas de piedra, el Reino Nuevo, sus medidas oscilaban entre los 20 y 30 metros y su peso podía llegar a las 1.000 toneladas.
Con estas dimensiones es de suponer que el tallado y traslado de obeliscos debía resultar una tarea extenuante, en la que participarían cientos de trabajadores. Se calcula que para el obelisco inacabado del que hablaba antes se necesitarían unas 140 personas solamente para la talla y extracción, durante un periodo de siete meses y jornadas de hasta doce horas de trabajo.

Usando bolas de dolerita (piedra más dura que el granito), mazas de madera y herramientas de cobre y, posteriormente, de bronce, los trabajadores iban separando golpe a golpe el obelisco del lecho rocoso (como vemos en la imagen de la derecha).
La cara inferior era excavada también y calzada con arena y vigas de madera para sostener el obelisco. Posteriormente, haciéndolo vascular, dejaban caer el monolito sobre un trineo, del cual tiraban los trabajadores con unas cuerdas, ayudándose de troncos de madera para hacerlo rodar.

Extracción y transporte de obelisco

A continuación, llegaba el momento de transportar el obelisco hasta su destino. Para ello se usaban grandes barcazas durante la época de la crecida del Nilo. Gracias a rampas, los trabajadores desplazaban el obelisco desde la cantera hasta la embarcación. Una vez colocado en esta, partía hacia el templo, que podía estar a cientos de kilómetros.

Barcaza para transportar obeliscos. Fuente: http://www.histarmar.com.ar/nomenclatura/ElBuque/10-obelisco.htm

Cuando llegaba a su destino había que esperar a que el nivel del río volviera a bajar para facilitar la descarga del obelisco. Luego, mediante otra rampa de adobe, cientos de obreros levantaban el monolito como vemos en la imagen de abajo, ayudándose de cuerdas, rodillos y palancas.
Finalmente, una vez colocado sobre su base, los artesanos tallaban las inscripciones jeroglíficas en sus cuatro caras y en el piramidión.

Fuente: http://www.conec.es/2012/02/los-obeliscos-proezas-del-egipto-antiguo/

~ by dineyinsights on October 15, 2016.

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